Me habló una hoja de un árbol ciego, creo que me dijo “mirá, camino nunca hay”. Por aquél entonces yo todavía no comía hojas, entonces ésta hablaba tranquila. Las hojas saben todo, por eso estaba tranquila. Pero yo conocía, pobre hoja, que saber no es suficiente para estar tranquilo. Yo nunca supe y no por eso...
La hoja sabe y no hace. Es como el inicio de historias viejas. La hoja se deja, y sabe, y se deja, ¡y cae! Las hojas son dejadas. Por eso, creo, empecé a comerlas, porque se dejan y me (...)