Quiero bailar con mi peso vivo
al compás del latido fresco
que siento en el abrazo
abierto para recibir al peso vivo
de un cuerpo entero.
Los cuerpos.
Al mío acaso lo saboreo. Lo reconozco cuando me lo acarician manos que crean, en el espejo cuando me da el cuero, en mis manos cuando también, y en la mirada de alguien más si me percato.
Del otro, digo que es dulce y que me llena el paladar de sabiduría. Que además es tierno y me tranquiliza el cuerpo, y es fuerte como para no dejar que se (...)