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una playa en las precarias

Yo quiero decir que la política es simple de ver. Se muestra en lo que hacemos.

Yo quiero decir acerca de ese que dice que no hace política sino gestión, y que la política la hacemos los gremialistas, es decir los laburantes que no agachamos más la cabeza ni nos resignamos a la quietud de la puteada dirigida al vacío, o a pedir prestado todos los días 20 unos mangos porque no hay nada en el cajero; o peor, a ver como se desangran lentamente los espacios y propuestas que aunque sea un poquito y humildemente contienen a los que todavía están peor que nosotros, los sin laburo, los sin cajero vacío, los sin pedir prestado al menos, los pibes y los jóvenes a los que Susana Gimenez o Tinelli se las tienen jurada por peligrosos.

Yo quiero que Macri y el pelotón de funcionarios mediocres y resentidos que los secundan miren a los ojos a esa mamá que vive en “las precarias” del Parque Roca. Esa mamá a la que primero se le prendió fuego la casa de cartón donde mal vivía con su familia y pasó a “las precarias del Parque Roca”. Esa mamá a la que se le murió su hijo bebé en las manos porque la ambulancia llegó tarde, es decir llegó nunca. Porque con la muerte de un hijo el tiempo se suspende para siempre.

Yo quiero que Macri mire a los ojos a esa mamá y le expliqué por qué puso una playa artificial con sombrillas y reposeras amarillas a dos cuadras de las precarias, en lugar de poner un centro de salud que no se le muera otro hijo. Después quiero que nos explique a todos nosotros si esa decisión idiota es gestión o es política.

Acuerdo con algo que decía el viejo Paulo Freire en el atardecer de su vida física, cuando empezaban los ’90. Él planteaba que no estaba en desacuerdo con el mejoramiento de las plazas y bulevares de los barrios ricos, en lo que desacordaba era que mientras se ponían flores coloridas en esos bulevares, nada se hacía por la falta de cloacas, hospitales o escuelas en los barrios pobres. Ahí está la política, decía Paulo. Me parece que nosotros vemos como veía Paulo. Nosotros sabemos que cuando nos manifestamos, paramos u organizamos una asamblea, estamos haciendo política. Como práctica social, lo que hacemos y decimos es política.

Pero en esta Buenos Aires a la que intentan convertir en una empresa, las cosas llegaron a un punto absurdo. En el epicentro de los barrios que no tienen nada hay una playa artificial que viene a ser el monumento a la política del cinismo, una cargada a la dignidad humana, la materializació n de la estupidez de una clase dominante soberbia y descarda, descarrilada plenamente en la embriaguez del poder; una estupidez que nunca es históricamente gratis y que se paga cara. Ese montón de arena va a costarle caro a Macri, y no caro en plata porque sabemos que la tiene de sobra; le va costar caro en luchas y conflictos porque vamos a hacer lo imposible por juntar los dolores de tantos y tantas como esa mamá sumida en la espera infinita de una ambulancia que no llega mientras contempla la playa artificial de las precarias. Y a esos dolores los vamos a convertir en una fogata de bronca, que vamos a alimentar con una, dos, mil luchas… vamos a hacer que arda incansable y se encienda contagiosamente… y vamos a hacer de las esperanzas realidades.

Maro Skliar, 29 de marzo 2009.