En el remolque ensucia,
camuflando un resultado troncal que es el desgaste.
Quise ser absurdo
y amotinar mi ritmo de entrega urgente
para que encaje en la melodía trunca.
Fui farsante
cuando planeé la convicción de que hay constancia;
el lanzamiento no tiene rumbo,
se levita o se precipita,
y no depende apenas de guiños.
Ingenuo en la pretensión de que sólo sé sonreír,
mordaz pero intolerante ante la plegaria de las lacras;
no voy a temer enjuiciarme
cuando sea en todo inocente
de cualquier dolor.
Y ahora
que sé que el la corriente hunde a los troncos que no flotan a su ritmo,
me acerco a uno para arrastrarlo desde la corteza.
Me aguanto sus filos y sus puntas,
disfruto su fortaleza y firmeza que se conjugan con las mías,
y, mientras se desarma desde la cáscara, le explico;
para que no afondes acelero.