El sistema educativo tradicional no revierte la exclusión social y genera la deserción. La educación popular tiene por objetivo generar una inclusión que no recorte la realidad en los aspectos tradicionales (educación, trabajo, vida social), sino la integridad de todo eso con la pauta de que la realidad es transformable y además es necesario transformarla.
Tanto la educación pública tradicional como la privada comprometen un modelo de formación que modela ese tipo de personas que la estructura desigual de nuestra realidad precisa, y así según el contexto social en que esa formación se esté dando. Y con esto, retomando, la educación pública genera deserción ahí donde los horizontes se estrechan por la confirmación de las desigualdades. Hasta hace algunas décadas, la inserción por medio de los conocimientos alcanzados en el “mundo del trabajo” era una posibilidad cierta, deseable. Hoy esto no sucede, hoy la educación tiene por objetivo una inserción abstracta, educación es un valor en sí mismo que resulta estéril para paliar las carencias o ensanchar horizontes.
La concepción pedagógica de la educación popular es la formación de sujetos críticos y transformadores de su realidad. Para la educación tradicional (o bancaria) el educador transmite conocimientos que son aprendidos sin crítica por el educando, aprendizajes de memoria, alumnos depositarios del conocimiento del profesor. Así la formación del estudiante tiene como límite el conocimiento del docente, en el mejor de los casos. O la enseñanza es el antojo de uno, el docente enseña lo que quiere y hasta ahí llega el aprendizaje. El estudiante es siempre pasivo en esa concepción, la base es que el alumno no sabe (o no tiene luz).
Desde los Bachilleratos de Jóvenes y Adultos de Educación Popular se siguen los planes oficiales, y los títulos que se otorgan son oficiales. Pero estos bachilleratos surgen desde organizaciones sociales (asociaciones civiles, empresas recuperadas, movimientos territoriales, sindicatos, etc.) en la búsqueda de un anclaje más amplio que lo estrictamente educativo a la vieja usanza.
Entonces, en estas escuelas se apunta a que el estudiante tenga conocimiento sobre el propio conocimiento educativo, es decir, que no esté alienado de lo que está aprendiendo, que el aprendizaje no esté cosificado; también se aborda la inclusión de otros factores en la educación, como el compañerismo, la no competencia, la solidaridad, el compromiso grupal en la situación de aprendizaje; la apropiación del espacio donde se desarrolla la práctica educativa (¿de quiénes son las escuelas sino de sus estudiantes?) y la discusión colectiva sobre lo que se va aprendiendo y sobre todas las circunstancias que van relacionadas con la situación educativa.
Al mismo tiempo, los docentes que ejercen en estas escuelas se desenvuelven desde la pareja pedagógica, que por un lado permite una labor más personalizada hacia los estudiantes, y por otro lado fomenta una reflexión crítica entre los docentes. Su responsabilidad no se limita a la práctica pedagógica, el docente tiene una responsabilidad política por los conocimientos y la forma de transmitirlos. Lo fundamental de los Bachilleratos de Educación Popular es que son concebidos como proyectos político-educativos.
Desde la concepción estatal la educación está separada, como dijimos, de lo que se presenta como otros órdenes de la vida, como el trabajo o la vida social. Y esto más allá de la concepción de los funcionarios, el quiebre entre lo educativo y el trabajo, por ejemplo, por la caída en desgracia de cualquier cosa parecida a la “cultura del trabajo” de mediados del siglo pasado y el estancamiento del sistema educativo, es un hecho irremontable para una estructura educativa que ya no es contemporánea del mundo en el que se la practica.
Educación Pública o Educación Privada es la dicotomía tradicional para pensar las posibilidades en esta materia. Y la aparición de los Bachilleratos de Jóvenes y Adultos de Educación Popular ha generado en algunas personas una preocupación sobre el avance de lo privado sobre lo público. La nueva figura que los Bachilleratos traen consigo es la de “Gestión Social”, que sin dudas precisa de una delimitación contundente que no permita la práctica de negociados truchos como son la “escuelas charter” –que en nuestro país tienen un abanderado que se llama Mauricio y conocemos todos-, que reciben asignación por alumno, sin importar el fin de esa institución ni sus medios de enseñanza. “Gestión Social” es inseparable de una génesis emparentada con organizaciones sociales. Las escuelas charter plantean la descentralización de la educación desde fomentar la búsqueda del beneficio individual, la escuela charter es la descentralización neoliberal, como bien lo señalara el Instituto de Investigaciones Pedagógicas de la CTERA oportunamente. Escuela Charter y Gestión Social son opuestos. La Gestión Social tiene su razón de ser en la construcción colectiva y crítica de la educación, en la inserción social por medio de la transformación, otra vez, el proyecto es político-educativo. Es central la comprensión de que lo público y lo estatal no son la misma cosa, que lo general, lo público y lo social van de la mano, como lo señalara hace dos siglos en Venezuela el revolucionario Simón Díaz. Entonces desde los Bachilleratos de Jóvenes y Adultos de Educación Popular se apunta a un reconocimiento legal por parte del Estado, a la delimitación de lo que es Gestión Social como discusión inicial de ese reconocimiento. Luego sí se dará la necesaria discusión sobre la subvención estatal de la Gestión Social de la educación.
¿Cómo hacer para que en la práctica educativa se evolucione desde la experiencia pedagógica a la utilidad de la formación y a la educación con función política? Este es el camino que se recorre, no sin dificultades, en todas las experiencias de educación popular. Si el dinamismo es crítico y la práctica es transformadora, entonces el camino no es lineal. La Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo es un referente en este camino, por su dimensión, por su nombre, y porque su formación universitaria es inédita.
Los Bachilleratos de Jóvenes y Adultos de Educación Popular están movilizados por el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, IMPA, Maderera Córdoba, Sindicato de Canillitas, Movimiento Teresa Rodríguez, cooperativas y demás organizaciones sociales. Es decir, experiencias organizativas diversas en la búsqueda común de la educación popular para la generación de sujetos transformadores. Cuentan hoy, aproximadamente, con once escuelas, trescientos docentes y ochocientos estudiantes. Desde sectores estatales funcionarios de concepciones progresivas apoyan el surgimiento y el reconocimiento a estos bachilleratos, pero hay una estructura afianzada en la costumbre y el estancamiento que no se armoniza con los tiempos que corren. Por otro lado están las tendencias privatizadoras siempre a la expectativa, y lo justo para impedir su avance no es la generación de fantasmas, sino la definición de la educación a la que se apunta desde la práctica transformadora de la Gestión Social.