No le creo a ninguna de mis ideas sin práctica,
no confío en los ideales no proyectados
ni en las angustias incomunicadas.
No cargo remordimientos
por haber silenciado prevenciones
ni por temer a la confrontación.
No percibo malestar en mi espalda
por las cargas negadas,
no alimento ilusiones sin contrapartidas de realidad.
No acepto la mezquindad
como devolución para lo generoso.
No quiero pasares cuando pienso la existencia.
No pienso con tensión
lo que no depende de mis voluntades
ni con expectativa lo que no dialoga.
No pretendo más que buenas voluntades,
no sé qué quiere decir perfección.
No me negaría a la maravilla
ni aceptaría que me conformen
con un rayito de sol.
No tartamudeo para dedicarme,
no me tiembla el pulso para disponerme.
No niego mi pasado para construirme,
no me defino por las razones de los otros
ni me cago en ellos.
No tengo dificultades adentro para asumirme.
Pero con todo,
no aprendo a no esperar un guiño de otros
para desparramarme de amor.
No soy suficiente para mi mismo
y eso me hizo sonreír.