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Muchos recitales son rituales en sí mismos

Para Los Piojos tanto fue así que bautizaron Ritual a su primer disco en vivo.

Pero hay ocasiones en que ése ritual es resignificado por la historia. Silvio Rodríguez atraviesa desde hace treinta años generaciones de argentinos. Y cuando lo vamos a ver, nos encontramos, algunos, con imágenes que conocimos cuando éramos nenitos, cantando lo mismo, en un recital de romance, poesía trovada y revolución. Entonces Silvio es enorme, casi tan grande como la revolución, casi tan grande como Fidel. Ir a ver a Silvio es un acto político. El día que en un recital de él nuestro pueblo no salude a Cuba, todo se va a haber perdido. Ir a ver a Silvio es un homenaje a una historia de dignidad, además de ir a escuchar a alguien que tiene cosas para decir, de hermosas maneras.

Silvio vino y presentó su disco nuevo. Una hora estuvo mechando tres temas viejos entre todo lo novedoso que compuso con su chica de hoy, que con la flauta y el clarinete le da la tonalidad medieval del buen trovador. Y el disco nuevo viene con la novedad saludable de saludar en un mismo tema a Giordano Bruno, a José Martí, a Federico García Lorca, a Luther King, a Lennon, a Allende y a las torres gemelas. Y más allá que nos pueda parecer que algo del viejo estilo espigado del cantante sutil se perdió en una catarata de frases sin metáfora, la poesía para hoy es recordar que hubieron grandes hombres que siguen sirviendo, y que los une haber sido víctimas mortales de la malicia.
Después, los temas de siempre, esos con los que las chicas gritan, esos que a los chicos nos hacen pensar que está buenísimo que Silvio nos quiera enseñar a nombrar cada momento del amor. Y para unir todo esto, Silvio te da una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como da el amor. Porque amor y revolución, en el idioma internacional de los luchadores, de los ciudadanos del amor, como dice el trovador, se dicen a la vez.