Tuve una vez un reino
Un reino muy extraño
de parques y de estatuas
y de noches febriles.
Un reino en que imperaban
los caprichos absurdos,
el gesto adolescente
y el amor que me daban.
Un reino de bondades,
de manos extendidas,
de "Alguien" que anhelaba
mi presencia ...
Tuve una vez un reino
y lo troque por mendrugos
... Y en vez de reinar,
mendigo.
Mendigo tu simpatía
y cuando extiendo
mis manos
sólo responde el vacío.
Pordiosera de mis sueños
acepto mis desvaríos
y reconozco mis yerros,
y cuando aguardo tus besos
sólo responde el cinismo.
Pero yo quiero el mendrugo,
aun rechazando mi reino;
aunque falten tus caricias,
aunque no logres quererme:
me basta con tu presencia
y la amistad que me dieras.
Tuve una vez un reino.
No estaba sola y sufría ...
Después de perderlo todo
me quedan el holocausto
y el sublimar rebeldías.
Pero entonces, dime, dime:
cómo se "doman" los sueños?,
cómo se acalla el deseo?.
De que manera se extirpa
La pasión adolescente?.
Cuando despierte estaré,
de nuevo, en mi "mausoleo"
(Madera y marmol
y muerte para mis sueños).
Finales de pordioseros
que ahora reclaman silencio.
Alfonsina