No soy,
ni por hoy,
las lágrimas de las hadas sin encanto
que se identifican con las brujas diminutas.
No soy la ausencia de hechizos,
no soy los ingredientes ausentes,
no soy el polvo inocuo
ni la pócima impotente.
No voy más con las vitrinas de irrealidad
de la doncellez sin inocencia,
no soy lo inaccesible,
no soy los misterios encantadores de la quimera,
no soy la proyección deliciosa del tedio romántico.
Magia es el deleite.
Envuelvo sólo a los placeres que sé respirar,
brillo por la existencia
y me brindo al encanto de mi amor.
Y a la maravilla,
que en su perplejidad lo sabe,
no le reservo nada porque me ocupa entero.