Al aire que colma al cielo próximo para que el resto se luzca celeste para los ojos que miran, lo entiendo humilde.
Qué generoso es el aire que no me exige espacio que no vaya a inundar, pero me empuja a crecer lo más que pueda porque siempre me llena.
El aire dice que nunca podría dejarme esperando, que no tiene cómo ser amarrete con la capacidad que vaya teniendo de respirar. El aire se dona hasta donde lo vaya a respirar porque no me envidia el pecho.
El aire, con fuego sube y con viento baila. Al aire nunca se le ocurriría acomodarse en una existencia donde todo se defina por su existencia.
Pero también con el aire como espejo se comprende que no todo compone sólo desde su utilidad, y que en la tierra estamos nosotros, llenos de trabas, de accesorios para el comportamiento como los traumas, los huecos y los amarres. Y con todo eso, en el aire pero en la tierra –para ver eso hay que buscar una perspectiva abierta- están los sacrificados que ponen lo que tengan, sin filtro porque no hay mucha voluntad para manejarse con lo que está asentado en lo más oscuro de las personalidades, para intentar que esto mejore. Ahí se conjuga el amor con los odios y la claridad con la ceguera, los vicios, el estrellato, la rebeldía y el ansia. El que lucha por lo que entienda del amor va con todo, equilibrado por el criterio, contra lo injusto que se impone desde que hay memoria, contra lo mezquino que se alimenta adentro para sobrevivir mientras romper esa imposición siga siendo una tarea.
Incompletos, con los pies en la tierra para hacer frente a la variedad que dispone el privilegio para sostener que haya sojuzgados. A veces tratando de gustarse y nada más, a veces colosales para dar todo con causa.
El aire acompaña a las mejores intenciones, aunque se traben en los laberintos que teje la parte oscura de la formación personal, también si se distraen para vanagloriarse con la ilusión que les refleja el espejo en un escenario muy precario, donde lo más distante –en un recorrido que cada vez existe por lo que sigue- continúa siendo la meta, la causa, el amor y la igualdad.
Desde que en el aire empecé a ver cosas, me desperté más liviano –humilde, limpio y muy limitado- para enredarme sin tanta impaciencia con los que son como todos los demás, pero donan la delicia que valoren para que, con una existencia más libre, el canto y la bandera florezcan.
