Se encuentra usted aquí

Los Insensatos

Por acá hay un conflicto básico, y es que algunos tienen y otros no. Los que tienen, además, exprimen a los otros para sostener y aumentar su beneficio.

Ahora además de eso y de otras cuestiones, hay un problema que aporta a hacer insoluble el conflicto: es que hay un grupo importante de desubicados que dedican la vida a defender privilegios de los que no gozan , así temen por la posibilidad de perder lo que no tienen, negando su condición, a cambio de una vida de alucinación que, en lo cierto, condena a sus hijos y nietos a padecer las mismas angustias, miserias, inseguridades y falencias que existen hoy, dándoles roles en la misma competencia que les permitió subsistir.

Sin esa tropa de enmascarados, incapaces de actuar en defensa propia porque niegan quiénes son, este conflicto evidente de intereses, que sostiene el beneficio de una minoría ínfima, se derrumbaría por inconcebible.

Es que ese balde de mujeres y hombres dispuestos a gastar su vida por beneficios que desconocen a cambio pequeñas cuotas de confort, es el que le lava la cara a unos valores mugrientos que justifican que millones de personas, como tu amor o tu hijo, estén condenados a una vida agónica donde lo más peligroso es quedarse afuera de la posibilidad de ser explotado. En el recorrido, todo lo que esa persona pudo producir hace posible una parte diminuta de las mercancías que los privilegiados derrochan.

La cultura masificada, que nos es impropia a todos los que no somos el puñado de humanidad que derrocha lo que a costa de la vida de miles de millones se produce, enajena a una buena porción de los que no tienen nada asegurado, existe en ese ansia de poseer, que genera el miedo a que puedas ser arrebatado aún de lo que no tenés y, si sos como los más, nunca vas a tener. También promueve el terror a que te puedan sacar lo que te constituye, que como están las cosas, con el atrofio de la mente y del alma en la cultura de las formas, se resume en el cuerpo. De esta manera, se participa sin sobresaltos de una sociedad donde todo se vende y se paga, hasta las posibilidades que tiene la vida, y eso está bien al punto de ser indiscutible. Insensatez de desear cualquier cosa que se presente para el consumo pero no disfrutar nada de lo que se puede compartir, hasta el grado de no concebirse par de nadie.

Creo que el sol, el amor, las chiquitas y los chiquitos, el agua, el placer y el cariño dicen cada vez que se los escucha, entre las voces inquietantes de las cosas y las apariencias, que la mentira y la distracción no pueden hacer sentido.