Por varias y diversas razones hacia como un buen rato que no me deleitaba con la lectura de Itzpapalotl y hoy me dí una especie de panzada revitalizadora de ellas. Entre todo lo que deguste tuve ganas de compartirles esto:
Me quedé sin vos. Me quedé sin la capacidad de amarte, llena y fascinada. Hoy tengo la sensación más terrible del universo, la de no querer realmente a nadie. Y vos, mi vida, por más que lo intento, por más que mi cabeza me repite lo contrario, sos una de las pérdidas de mi última batalla. Me declaro incapaz, inútil, insensible. Mis emociones me abandonaron. Estoy observando la vida desde el lugar más indeseable, el no comprometido, el estéril, el que no ama.
Soy una cáscara ligera, una estructura precaria. A la hora de repartir las culpas todas son mías y me las está haciendo tragar este silencio, esta nube venenosa. Me estoy condenando al equívoco, al arrepentimiento, al desastre.
Estoy segura de que todo eso vendrá después de que se vaya la anestesia depresiva, el gris que pinta los cielos, la sensación de ser de plástico quebradizo, la bola de algodón en la garganta, el calendario estacionado, el péndulo que nunca baja. Detrás de todo eso me espera el dolor y la certeza de que sos irrecuperable, y de que por culpa de esta tristeza tan grande vendrán otras, más crueles e indestructibles.