Para que este plato esté rico, la clave está en el dulce. Para que el dulce tenga un sabor preciso, no tiene que alcanzarle nunca el amor. Si el amor alcanza la expectativa, el gusto se pone soso, se achata. Al paladar lo que más le gusta es sorprenderse, que cuando parezca que viene dulce haga ácido y que cuando parezca amargo sea salado. El paladar es así, si es como parece, el paladar se aburre. Es eso, el amor no tiene que alcanzar nunca, siempre tiene que estar la angustia ahí escondida, amenazando al amor, el amor pudiendo ser más, porque si no hay incertidumbre, el amor es la realidad, y la realidad no es tan rica.