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Gusto

El gato se lame cuando quiere, y es para estar más lindo. Cuanto más quiere lamerse el gato, más lindo quiere ser. Y eso, porque su cuestión es gustar. Gustar no es enamorar, los gatos no se enamoran, se gustan, se atraen, a algunos nos atraen. Eso no es divertido, es atractivo. Divertidos son los perros. Y no se enamoran, no enamoran. Entre las personas pasa distinto, porque buscan que esté practicable, no que guste. Por los menos la mayoría. Los que se gustan a sí mismos más que las demás personas, sí buscan que guste, porque ya saben lo bueno que está gustar.

Un problema común de los que buscan gustar es que a uno lo que le gusta mucho lo enamora, porque es mucho lo bueno que está que guste. Entonces el amor tiene una forma extraña, como un corazón, como un abrazo, no como un hombro. Problema, en realidad no, siempre que no esté bien buscarle una solución no es problema, salvo porque la mitad del amor depende de otro y negar eso es frustrante.

Frustrar es la pauta en la melodía trunca de las relaciones reprimidas, como lo dirían bocas llenas de chocolate. Frustrar es base para que no nos preguntemos por nosotros, y entendernos sería el inicio de saber lo que queremos y necesitamos. El marco que tiene la vida, formado por la culpa, el ansia y la desigualdad es el obstáculo para dibujar horizonte. En esta melodía, que viene sonando hace tiempo y por suerte confiamos en que se cae adelante nuestro, lo asumamos o no, te guste o no, y aunque todavía no sepamos lo que viene, las prohibiciones tienen la misión de encausar a los sentidos y los sentimientos, que son sentidos específicos de la posibilidad de abstracción. La clave está, como siempre, en lo que hacemos para que lo que viene esté mejor.

Los sentidos, en la naturaleza, son el medio único para percibir. La prohibición, desde la original o desde donde cada uno conozca, tiene el fin de estructurar la base de la sociedad, que es la costumbre o la familia (por suerte confiamos en que se cae adelante nuestro, lo asumamos o no, te guste o no, y aunque todavía no sepamos hacer lo que viene, que es hacer que esto sea pasado y nosotros futuro).

Bueno, con todo esto cayendo, vemos que en lo que podamos conocer del pasado, la prohibición estuvo para ser violada en la práctica, la consciencia o el subconsciente. Sea incesto, sea “no muevas tu cuerpo”, sea resistirse a la tentación de la carne, sea pantalón negro, camisa gris, zapatos negros o pantalón caqui (no seas ridículo), camisa blanca y zapatos marrones, sea “amá a tu pareja como al remedio para lo que tu autoestima no tolera de vos” o “no confíes, no te entregues”. La prohibición estuvo para ser violada, cierto, gran logro. No hay triunfo. Que el sentido o el sentimiento sea reducido al tamaño de la desobediencia, o que la libertad sea resumida en la trasgresión, es un desperdicio cotidiano. Eso hace la codificación del baile, la del amor, la de la ropa de colores o la de la familia con la base para la formación de una nueva persona. Se llega a la instancia de prohibición, y si se la supera, lo único significativo va a ser lo violado, que es la norma otra vez. El hecho queda vacío, haber violado la prohibición no enseña a sentir otra vez lo que nos estuvo negando la historia esta, y no sentimos nada más que el impuro sabor de haber logrado algo que no entendimos. La prohibición es la única noción que tenemos cerca de la libertad, que es un lugar que podemos estar seguros de desconocer todavía. Es decir, de la libertad tenemos una noción muy vaga y por la negativa, cuando somos buenos libertad es que no te prohíban algo.
Para entrar en la codificación el amor para nosotros siempre tiene que ser frustrante. Sentir amor en el código es pretender que el amado haga lo que nosotros queremos. Es la codificación, es que el amor se reduce en que el otro cargue para siempre con todo eso que no gustamos de lo propio y se convierta en el bien más preciado al que podemos acceder, que es la descendencia. El precio está dado porque es la única instancia de trascendencia que tenemos, mientras no sepamos sobre a vida eterna. Y alguien nos puede dar un hijo, pero nadie puede decirnos que no es verdad que a ser libre se empieza asumiendo todo lo que esta manía de hacernos vivir la violación de la prohibición como meta máxima nos niega. Ya podemos ir intentando que siga otro paso.

Amor es otra cosa, amor es fuego en el pecho para intentar que cada cosa sea cada vez mejor. Las personas me gustan, mucho me gustan. El amor es un sentimiento que en los casos buenos llevan las personas, fuego, decía, en el pecho, para buscar incansables que exista la posibilidad material de dedicarnos a buscar ser felices en libertad. Amor sólo practicado en libertad. Mientras esto no suceda, mientras la urgencia sea la comida, la negación del trauma, el apetito sexual saciado y el consumismo al palo pese a las condiciones, amor es una intención a veces, una parodia atravesada por el concepto de propiedad otras.

Decía, lo que a uno le gusta mucho lo enamora, porque estamos acostumbrados a querer abordar lo que nos gusta apropiándolo, consumiéndolo, y el enamoramiento es la única forma que entendemos, los que no contamos con los medios de producción, para apropiarnos de nuestros semejantes. Enamorar es hacer que el otro esté dispuesto a negarse para asumirnos a nosotros, es la manera más elaborada y sutil de la manipulación, presente en todas las relaciones burguesas. Por eso la histeria, para frustrar el ansia de propiedad del otro y hacerlo nuestro súbdito sin tener que cargar con que sea nuestra propiedad. Por eso el amante y el amado son confundidos con el histérico y el obsesivo, porque sentir amor es una quimera oscura casi siempre, y cuando aparece auténtico pese a todo, porque lo trae el instinto desde el pecho o más abajo, puede hacer llorar cuando vuelve a despertar la razón, para que se pueda querer hacer otra cosa el amor oscurece en la razón.

El desamor duele en la autoestima, porque para acertarle al enamoramiento hay pocos tiros, y errar es humano pero reprimirnos para nada, por eso siempre tuvo sustento divino.

En la puntería de nuestros flechazos se juega buena parte de la autoestima, que es la porquería que nos ayuda a creer que podemos o hace evidente que no podemos.

Después de haber errado una vez se cree que quizás no haya un otro de quien apropiarnos, y que tal vez tengamos que cargar con nosotros para siempre. Porque sólo se confía en lo propio, como para asentar esto desconfiando de todo lo que no me pertenece, la familia es el refugio, pero cuando se está queriendo salir no se necesita refugio, por eso la estructura de parentesco se degrada pero nuevas formas de relacionarse, materiales y sentimentales, se generan despacio. Nos quisieron decir que a papá y mamá se los obedece y venera, no se los ama, porque eso es el incesto, entonces familia fue sólo estructura de autoridad en este tiempo, aunque algunos tenemos una suerte excepcional.

Ni idea sobre cómo era antes de la humanidad para nuestra especie, antes del pecado o la desigualdad, pero, por eso empezaba así, quiero dar lo que sepa para que cuando nos encontremos con el futuro y dibujemos horizonte, podamos aprender del placer que sabe sentir el gato, que no se esfuerza en gustar para nada más que para pasarla bien.