Fuego
Nunca dejo descansar a mi musa. La miro y sonríe liviana, como si nos uniese
un abrazo. En la continuidad del pensamiento se desvanece pero me deja un
fulgor que desde el pecho empuja hacia la libertad al desbordarme por los
ojos.
Otras inspiraciones aparecen confusas entre sensaciones íntimas que todavía
no me atreví a desenmascarar. Con ese pavor incendian a las apariencias
engañosas que tengo para justificar la insatisfacción de ímpetus
unilaterales, como son las ganas.
Las primeras atraviesan lo mejor que me crece para que aparezca. Las
segundas atropellan artificios que la mente crea para no cargar con lo que
se siente.
Por eso pude empezar a creer en el fuego.
Asustó no tener más fe en los milagros porque esa espera resulta inalterable
y sin culpa. Asustó la fe en la epopeya porque demanda un compromiso que no
se esquiva sin renuncia.
En el compañerismo hay confianza, como en el amor fe. Fidelidad, más allá de
las razones, los esquemas y la certeza. Por eso, amor siempre precisa el
esfuerzo por la conquista de la posibilidad. Si en la vida uno se queda con
la posibilidad restringida por lo permitido, ya ni fuego ni compromiso ni
nada. Sin brío, a esperar el milagro y someterse cada vez a los roles
pautados e intentar ser una estrella, lejana y admirada por la apariencia,
pero acá no hay distancia que disimule el contenido. Es generoso o es
mezquino.
Para hacer lo posible hay oportunidades. Algunas se generan con virtud:
paciencia y la humildad de la dedicación. Otras llegan por fortuna. La
oportunidad es pasajera, a concretar se dedica el esfuerzo o se ve cómo
pasa. Por suerte no estamos siempre para lo mismo, la vida no se aquieta por
no estar a la altura de lo posible, aunque haya un gran desperdicio que
hunde el pecho.
Seguir esperando cuando no se hace lo necesario para el suceso de la
oportunidad, para que sea posible, es convertir a la fe dinámica que se
tiene en la epopeya en la fe del milagro, que invita a que no se haga nada y
que si pasa algo, que no se concrete.
Así, para el amor hay aptitudes y carencias. Cada uno lo que puede, si
quiere. Fuego si quiere.
Para la epopeya hay que preparar lo mejor, porque es la construcción del
amor en el mundo, fuego y la reconstrucción del mundo para que el amor
amplíe la libertad del recorrido. Para mantener la fe en el camino de lo
eterno, hay que donar el esfuerzo cotidiano de chispear para que mañana se
fragüe mejor.
Lo demás, como quien dice cuando quiere aprender, que te sirva de lección.

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