Vía La vaca Junto a Callejeros, son la otra banda de sobrevivientes de Cromañón: fueron el grupo soporte de aquel 30 de diciembre. Pero son mucho más que eso. En esta conversación con lavaca cuentan por primera vez sus vivencias desde entonces hasta el presente. Y trazan lo que bien podría ser un retrato de la época. Los chicos; el supuesto reviente. El rock establishment, los medios, el sistema, la búsqueda de independencia. El contacto cara a cara con los familiares. La autocrítica. Y el significado de un compromiso para quienes salieron de aquella trampa: honrar la vida.
Villa Real es un barrio pequeño, tal vez el más chico de Buenos Aires, triangular, como un corazón que late arrinconado contra la General Paz, al lado de Villa Devoto. La historia lo describirá como cuna de una banda de rock fuerte, claro y estimulante. No se sabe de qué reyes habla ese corazón arrinconado, o si nombra a la realidad.
Ojos Locos sigue vivo después de la muerte. Sus integrantes son todos sobrevivientes de Cromañón que no quieren semejante etiqueta instalada en el alma. Nosotros sobrevivimos una noche, pero ahora estamos viviendo necesitan aclarar, como les pasa a miles de chicos.
Leila mueve la cola. Es la perra labradora con nombre de princesa galáctica que sólo tiene orejas para Martín, técnico en computación de 30 años, dueño de esta casa ubicada en la calle Cortina y autor de todas las letras y músicas de la banda. Leila nos huele a todos, no parece tener objeciones, y se instala a escuchar guardianamente la conversación entre Ojos Locos y lavaca en el medio de una pequeña sala con una estufa empeñada en espantar el frío.
Al lado está el salón de ensayos, habitación cuyas paredes han sido debidamente acolchadas previniendo protestas vecinales cuando los Ojos Locos se lanzan a amplificar sus temas y sus sueños. Pero ahora hay otra melodía, la de un silencio de expectativa para músicos poco y nada dados a las entrevistas. Y, finalmente, una conversación de tres horas alrededor de cuál es, parafraseando una de sus canciones, la verdad en el corazón.
Su último recital fue en El Teatro, de Flores, a comienzos de mayo, con casi 1.800 personas bailando, saltando, y cantando como en las marchas de Cromañón:
Hubo dos integrantes de Callejeros invitados. Juancho Carbone, saxofonista de invitado desde siempre a Ojos Locos, y Elio Delgado, el guitarrista que recibió serio- largas ovaciones.
El Teatro es, en efecto, una antigua sala teatral reciclada para el rock, como el matrimonio entre dos épocas. Ya no hay butacas, ni personajes de García Lorca, Wilde o Shakespeare tratando de contarnos cómo es la vida. Ahora son otros los que cuentan.
Abajo, donde antes fue la platea y ahora es el campo, estaban los chicos repitiendo su fiesta eterna de saltos, abrazos, pogos, novias sobre los hombros y alegría. Arriba, donde hubo palcos y pullman, se instalaron sonidistas, iluminadores, parejas, chicas y chicos más interesados en escuchar que en olimpiadas de baile, asombrados cronistas veteranos, damas y caballeros de edad tanguera sacudiéndose al ritmo de Demasiado lomo, e incluso mamás y papás de víctimas de Cromañón, acompañando a sus otros hijos al recital.
Ojos Locos nació en el 2002 pero Martín, con la densa sensación de estar cargando solo con el proyecto, recurrió a un viejo amigo, Luis, baterista, para ayudarlo a cambiar la integración de la banda. Venite a tocar la bata, propuso en mayo de 2003. Habían compartido el primer conjunto de rock (Mi batería parecía la cocina de mi vieja), pero Luis ahora integraba (y sigue integrando) un grupo de música celta. Tiene 29 años, y trabaja en la colchonería familiar, haciendo repartos.
Martín, que estudió piano con profesor particular y terminó el secundario como técnico electrónico, estaba trabajando como técnico en computación en una pequeña empresa de instalación de redes y computadoras, aunque en esos años de crisis densa no había trabajo y nos dedicábamos a pintar el techo de la oficina.
Hubo muchas manos de pintura, y Martín buscaba perforar su propio techo con la nueva formación del conjunto. Se acercó Germán, Cherman para el público, autodidacta de la armónica aunque desde entonces se ha dedicado a estudiar minuciosamente con profesor. Trabaja en una pinturería 12 horas por día, desde las 6 de la mañana. Se sumó Pájaro, guitarrista y obrero de imprenta. Matute, bajista y empleado administrativo de una empresa bajo régimen de cuasi explotación informa Martín, tema por el cual Matute no pudo participar en este encuentro.
Y Juan, 20 años, estudiante de Medicina, hijo de padres médicos. Yo sabía tres acordes y él señala a Martín- me trajo a tocar. La experiencia le cambió la vida. Estudió guitarra para ponerse al nivel de sus compañeros, abandonó Medicina e intentó cursar Publicidad (para tener más tiempo para la música). El mundo finalmente perdió a un publicista para ganar un músico: Juan se dedica a Ojos Locos a tiempo completo, estudia música contemporánea y da clases de guitarra.
El grupo se da a conocer así, con sus nombres de pila y apodos. Los que crean que el autor de las canciones es Martín Martínes, deberán saber que tal apellido es apenas un pseudónimo, en esta banda que trabaja y proyecta las cosas en nombre propio.
Los padres de Martín le han dejado la casa de la calle Cortina para que haga su vida. Mis viejos son del 40, vienen de otra época. Mi vieja es ama de casa de toda la vida, mi viejo trabajó en el Correo estatal durante 44 años y se jubiló: maneja un taxi. Obviamente si decís que alguien es jubilado, te quedan dos. O se murió o trabaja. Si no, no vive.
A poco de formarse el conjunto, brotó la primera oportunidad: los invitaron a tocar como banda soporte de la banda de blues Mississippi, en Niceto Club. Pensaron: Seis temas nos tienen que salir más o menos bien. Así fue. Los Ojos Locos empezaron a observar que la ilusión era posible.
¿Por qué Ojos Locos? Fue un juego. Siempre nos importó el tema de la mirada. Fonéticamente está bueno. Y te abre a muchas cosas. La locura en el rock, me acuerdo que nos decían eh, ustedes son recabeza. El loco es el borracho, el que se fumó un porro o está en la joda. Pero me gustó que se abre un abanico. Yo decía: ¿cuál es la locura? Vos salís de acá, te afanan en la esquina y tu mirada va a transmitir locura. Los ojos locos pueden dispararse en cualquier momento, por cualquier situación.
Luis agrega: Ves a la gente comer basura fuera de McDonalds. Para ver eso y no hacer nada... no tenés que mirar. Martín: Pasás caminando por Chacarita y ves un pibe comiendo basura y es normal para vos. Tus ojos lo ven, y tus ojos están locos para ver eso diciendo ¿y qué?.
Martín también cree que los ojos son el vínculo con el afuera. No sé cómo sos mirándote la mano. No puedo saber cómo estás. Pero si alguien te ve a los ojos entiende muchas cosas. Luis dice que el ojo tiene sinceridad: Vos estás triste y los ojos no mienten, pero Martín retruca: También hay gente que tiene entrenada la mirada para estar delante de 200 diputados y decir cualquier cosa.
En 2003 hicieron recitales en IMPA (una de las fábricas recuperadas), en Álvarez y Borges (local de Palermo, homenaje a los personajes de Alberto Olmedo y Javier Portales en tiempos en los que se dice que aún existía la televisión), y de allí saltaron a lugares con más capacidad como Marquee donde ya llevábamos 350 personas dice Martín. Fue muy loca la explosión, donde veíamos que funcionaba el boca en boca, la volanteada. La volanteada consiste en ir a la entrada y a la salida de cada recital con volantes anunciando presentaciones de la banda. Martín: Como en una época trabajé de volantear, me quedó la idea. Reconozco que hemos inundado el ambiente del rock con volantes. Luis reconoce nunca había entendido la ventaja, hasta que lo vi en la práctica.
Transcurrieron el 2004 realizando shows con creciente convocatoria en lugares como el Club Malcolm, Stars Rock o Asbury Rock. Hubo uno especial, el Sitio Disco, de Gálvez, provincia de Santa Fe. Y siempre la idea de autogestión: Ya íbamos a 700 personas, a 900, pero lo principal para nosotros era autogestionar no en el sentido de producción, sino en el artístico. No entrar en una fecha con cuatro bandas donde te imponen horario, sonido, cantidad de temas, sino tratar de generar nuestro propio espacio dicen. Nuestro contexto, para no despersonalizarnos. Habían hecho un demo (un disco propio) de diez canciones. Hubo un recital en Asbury en noviembre.
Y llegó el 30 de diciembre de 2004.
El saxofonista de Callejeros, y anteriormente de Viejas Locas, Juancho Carbone, había sido desde el primer recital un invitado permanente de Ojos Locos. No es integrante del grupo: pero pertenece a nuestra historia dice Martín.
Callejeros estaba dejando chicos los lugares del circuito tradicional del rock. En diciembre del 2004 llenaron el estadio de Excursionistas.
Ojos Locos venía con su propio crecimiento. Cumpliendo un sueño dice Martín. Para sus presentación en Cromañón del 30 de diciembre Callejeros grupo invitó a Ojos Locos como banda soporte.
Luis cuenta: Juan no votó por invitarnos, justamente por la amistad que tenía con nosotros. Fue el resto de Callejeros que estuvo de acuerdo. Cuando confirmamos que la invitación no era por decreto, por amiguismo, nos cerró aceptar. Se conocían con la otra banda, sin que hubiera lo que suele considerarse una amistad.
Ya se sabe el resto. El sueño de aquella noche de verano se transformó en un viaje al infierno. ¿Qué pasó?
Los chicos de Ojos Locos se miran: Es una marca en la vida de cada uno. Yo no sé si la entenderemos en su verdadera dimensión razona Martín. Vamos a convivir y la iremos entendiendo y desmenuzando con el tiempo. Convivir sí, pero entenderlo... dice Luis- Lidiar con eso te puede llevar una vida. Vos nos preguntás qué pasó, y no sé que palabras hay para decir. Cada uno tiene su película en la cabeza, agrega Luis.
¿Y cuál es tu película, Luis? Es difícil... yo mucho... no puedo hablar mucho de eso, reconoce, y siempre conviene recordar que los silencios son una forma más de respuesta.
La consecuencia más directa de Cromañón para Ojos Locos, cuenta Martín, fue la muerte de Diego Fernández, el padre de Pájaro, el guitarrista. Pájaro nos mira, se queda sin saber dónde volar, calla. Ojos rojos. Sale de la sala. Martín salva ese silencio que nos ahoga: Para nosotros ese era un paso tan importante, que iban todos a ver a la banda. Se había llegado al mejor lugar del año dice Juan, el otro guitarrista, tocando con el grupo del momento. Por eso en Cromañón había padres, novias, hermanos, familiares.
Pájaro vuelve a sumarse a la ronda. Como Germán, parece de los que prefieren escuchar más que hablar.
El otro cimbronazo para el grupo aquel 30 de diciembre lo sufrió el propio Martín, quien estuvo internado 18 días: Perdí el conocimiento adentro, me desperté en el hospital. Lograron salvarlo del humo negro de cianuro. Cuenta que quedó impresionado con algunos de los testimonios de Generación Cromañón por la similitud de las situaciones narradas con lo que a él le tocó sufrir. Al recordarlo se produce otra escena en la que todos nos quedamos mirándonos, algunos ojos rojos. Leila nos observa sin mover la cola, como si por un momento hubiéramos formado allí la banda más silenciosa de toda Villa Real.
¿Qué pasó a partir de entonces? Desde el primer día la opción que tomamos fue no hablar del tema de Cromañón. Nos llamaron de todos los canales de televisión, todas las radios, las revistas. No queremos que se sienta que la banda utiliza ese tema para promoción o para cualquier cosa. Preferimos acercarnos al tema por otro lado que no sean los medios. En el caso de ustedes es distinto, sabemos que podemos hablar porque leímos el libro (Generación Cromañón), leímos lavaca, y es otro modo de tocar estos temas.
Martín hace una distinción: Yo no creo en los medios. No son medios, son negocios. Llego a veces a pensar que generan los hechos, los inventan.
Luis: Mucha mentira. Suman mentiras y mentiras. No les preocupa decir la verdad.
Una actitud de la banda, principalmente de Martín, ha sido la de participar en las marchas de cada 30 por Cromañón. Lo que pasa es que no nos gusta hacer propaganda con eso. Al revés, quien ha decidido no ir a las marchas es Pájaro. No creo que el duelo mío pase por ahí cuenta. ¿Pero estás de acuerdo con las marchas, los documentos de los familiares y sobrevivientes? Sí, creo que cada cual tiene su forma de sacar adelante la situación que está viviendo.
Luis recuerda haber ido a varias marchas, pero me hizo muy bien además poder encontrarme con los padres, verlos mano a mano, conversar, comer algo juntos. Esos contactos me fortalecieron más.
El grupo además pasó por diversas etapas. Una de ellas fue de terapia grupal e individual. Lo grupal fue bueno porque abrió la conversación al conjunto. Instalemos el tema entre todos, no que cada uno se quede en su mambo, porque es peligroso. Yo tengo que entender el mambo de él, y al revés. Y después podemos seguir con la terapia individual.
Sigue Martín: Lo que hicimos fue no negar el problema, aceptarlo y trabajar con eso. No lo podés esquivar, porque está adentro la marca. Hubo ayuda psicológica pero además, al estar adentro del tema, ves a otra gente que está en pie y se moviliza... y con más razón entonces. Empezás a encontrar esas cosas. Una madre que te dice unas palabras, un amigo que está en ese momento.
Luis: Siempre construimos, y también quisimos construir la relación con la gente y todos aportamos los ladrillos para hacer esto. Cada uno que se nos acercó fue una ayuda para llegar a esto.
Hay un concepto que sostiene todo esto: En los momentos complicados tenés que pensar que no sos vos, sino un conjunto (no se refiere a Ojos Locos en particular, sino a cualquier persona, cualquier grupo). Si pensás en vos solo, te dejás caer. Del otro modo, empezás a pensar como parte de un colectivo. Algo más: Siempre en la historia de la humanidad, después de las tragedias, la forma de salir es en agrupaciones.
Martín reconoce que hay chicos que se recompusieron bien, y otros siguen trabados en aquel día. Uno puede permitirse estar mal por una prueba en el colegio, algo en el trabajo, una pareja. Pero acá estamos hablando de algo mucho más fundamental. Estamos en las esencias de lo que es la vida.
Los chicos de Ojos Locos, apenas se sintieron mínimamente recompuestos, empezaron a tejer esas relaciones con cada familia de cada víctima, con los sobrevivientes, y a la vez sin hacer grandilocuencia con el asunto. En un recital en Villa Real incorporaron a cuatro hermanos de sobrevivientes para que leyeran algo en el escenario. A cada recital invitan a todos los padres de chicos que eran seguidores de la banda.
Martín: Algunos familiares que están acérrimamente contra Callejeros también nos hicieron problemas. Pero hay de todo, incluso padres que están contra Callejeros pero nos aceptan y nos apoyan.
¿En esos encuentros, hay autocrítica por parte de ustedes, con respecto a los recitales, las bengalas y todo eso que angustia a los padres? Con cada uno que hablamos hicimos esa autocrítica. Todos éramos parte de un fenómeno que nadie podía imaginar que podía terminar así. Hacés cosas en las que no detectás el peligro, porque no ves el contexto en el que estás parado. Les pasó a los chicos y a nosotros. A mi me pasó yendo a ver bandas de rock, al estar en el lugar de los chicos. O estando arriba del escenario.
Vos le podías quemar el pelo al de al lado, o molestar con el humo. Pero la realidad en más de 10 años de rocanrol nunca hubo ningún herido grave con una bengala. Y contrastó con esto. Uno nunca podía pensar que el lugar iba a estar en esas condiciones para que la inconsciencia o algo que uno no podía prever desatara ese desastre.
El grupo participó en recitales organizados por sobrevivientes en la Capital, en la Plaza de la Memoria de Isidro Casanova. Siempre con la discreción del que quiere acompañar (se hicieron presentes, por ejemplo, en la presentación de Generación Cromañón en el Hotel Bauen, de un modo que pasó totalmente anónimo).
Callejeros, en cambio, parece haberse replegado con respecto a los familiares, para encarar un modo de comunicación más mediático. Nosotros, por cosas del destino, estamos un poco al costado, no tan en el ojo de la tormenta como ellos. Buscamos otros contactos, y nos hizo muy bien. Ves a padres que están destruidos, y en otros casos los ves en pie, y te sacás el sombrero: pueden dar amor, conectarse, la verdad es que son una obligación para nosotros.
Hay padres que les cuestionaron que Juancho siga siendo el saxofonista eternamente invitado: No nos parece ético abandonarlo en este momento.
La justicia dirá lo que diga, pero para nosotros no es un asesino. Si yo supiera que él hizo algo a propósito sabiendo que podía matar a tu hijo, no va a ser saxofonista de la banda. Pero no puedo, después de todo lo que pasó, no darme cuenta de que la vida sigue.
En esas charlas con los padres Martín ha aportado otra cosa: Pensá que yo guardo el registro visual de los chicos, me acuerdo de las caras. Yo he tratado de charlar, de contarles a los padres de qué se trata este mundo, para que vean que no es lo que les venden los medios. Hay muchos que escuchan. Otros están cerrados por el dolor. Es una lucha constante. Pero preferimos eso. Estar cara a cara.
Frente a lo mediático, Ojos Locos parece considerar que ellos mismos son un medio de comunicación. Nuestro medio de comunicación son nuestras canciones, las cosas que hacemos, cuando nos juntamos con los padres, compartimos un rato, visitamos a alguien, invitamos a alguien. Ahí está la comunicación en serio. Si después te tengo que contar que hice un disco en Mataderos Records es fácil. Pero esto otro es comunicarte. Y por eso no te digo todos, pero muchos padres y sobrevivientes saben cómo pensamos. Afrontamos las cosas. No sé si bien, pero lo intentamos.
Los chicos de Ojos Locos parecen considerar que la experiencia que les tocó sufrir a ellos y a miles de chicos, es un disparador para valorizar la vida.
Martín: La vida es como un sube y baja. Te vas acercando a la madurez, a la vejez, y te empiezan a cambiar las fichas. Vas viendo a los padres de distinta manera, a los hijos. Pero esto fue como un golpe (mueve las manos abruptamente: el sube y baja se derrumbó) donde lo que podías esperar a los 70 años te pasó a los 16 o 17. La tuviste al lado. Eso te hace percibir un montón de valores y miradas diferentes.
Juan: Yo empecé a apreciar mucho la relación familiar, momentos, los amigos. Muchas veces la gente es egoísta en las relaciones, y aprendés a ver y a pensar en el otro.
Pájaro: A mí todo esto me abrió mucho. Valorás desde lo más pequeño a lo grande. Querés conocer a más personas, y te dejás conocer más por otra persona. No se encuentra la felicidad, andá a saber qué es eso...
Luis cree que los chicos han tenido que hacer un salto mental que corresponde a los 40 años o más. Pero tienen una especie de don. Es como si hoy te pusieran ante los ojos el mundo que el resto de la gente no ve. Puede ser como una carga. Vos dirías: quiero ver el mundo como antes, y no hacerme tanto problema. Pero pensar, tener la cabeza abierta, te trae eso.
Germán: Yo valoro a la banda. Me ayudó mucho. Empecé a conocer más a cada uno dice, y vuelve al silencio.
Hay una cantidad de gente aparentemente preñada de progresismo, que despotrica contra Cromañón y todas las iniciativas y reclamos que se generaron a partir de entonces. Dice Martín: Hay progres que se piensan que la única lucha son los 30.000 desaparecidos. Como Estela Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo). O te hablan de Estados Unidos. Y yo creo que la lucha es más doméstica, y más actual. Hay personas que tienen 50 años o 60 y como militaron alguna vez, se piensan que tienen carta blanca para hablar de lo que quieran. Y la verdad es que la realidad los superó.
Todo un nuevo paradigma. Muchas veces los años no permiten ver mejor, o más sabiamente, sino quedar atrás. Ojos Locos va más allá: Nos superó incluso a los que tenemos 25 o 30 años. Nos comió. Así que uno de 50 o 60 ¿qué se cree que sabe de la realidad? Hoy la cosa es día a día, y donde te quedaste, todo te pasó de largo. Como nos pasó a nosotros. Mirá la tragedia que vivimos.
Martín no quiere hurgar demasiado entre las diferencias de decir tragedia o masacre. Acá hubo un montón de gente que no hizo lo que tenía que hacer, y mucho más terrorífico es cuando entendés que todo eso se debió a intereses y poderes económicos.
¿Hubo cambios en los jóvenes, antes y después de Cromañón? Martín asegura que en un recital de La Renga puede haber algún problema si 1.000 personas intentan colarse. Pero después, en el lugar, nunca pasa nada. Los pibes se cuidan. Antes de Cromañón el ambiente del rock siempre estuvo ligado a la noche, al que escabia (traducción: el que bebe).
Pero para Martín hay un corte generacional fundamental: Los pibes del 2000 para acá son distintos a los anteriores, de la época menemista. Yo lo veo por edades. El que tiene 22 o 23 no es lo mismo que el de 17 de hoy. Son cinco años nomás, pero en cinco años este país se vino abajo. Hay algunos, los grandes, a los que se les pichó la burbuja y no quieren verlo. Pero estos otros, los más pibitos, arrancaron con la burbuja pinchada, sin burbuja. Todo mal. Frente a eso no dejan lugar a que bueno el estado me va a asistir, a cuidar, me van a dar. Saben que son ellos por su lado y nada más.
¿Se trataría de más madurez en los más chicos? Creo que sí. Cuando nosotros teníamos 17 éramos peores que los chicos de ahora.
Juan, el guitarrista (recuérdese que tiene 20 años): Los pibes hoy la ven. Están excluidos, no se engañan. Nosotros no veíamos que estábamos excluidos. Pensábamos que estábamos en el sistema. Los pibes la tienen más clara, saben que todos somos parias. Muchos pibes te dicen que se ven sin futuro. Para nosotros ese vocabulario no existía... ¿no tener futuro?.
Acaso haya que lograr aún más sutileza para diferenciar situaciones. Martín: Hoy los marginales en serio ni al rock vienen, porque no tienen plata para el bondi a Flores. El rock quedó fuera del alcance de los marginales. Antes capaz que tenían acceso, y en algunos casos el rock podía ser más reventado. Pero estás hablando de gente metida en una olla a presión, que se juega muchas veces la vida sólo con caminar las cuatro cuadras hasta tomar el bondi, cuando tiene la moneda para pagarlo. Entonces el pibe que está psicológicamente con esa presión, no puede sentarse a planear un futuro, una familia. ¿Qué va a planear si se la está jugando con solo salir a la calle? ¿Qué peligro puede ver en una bengala, o que un tipo suba y les diga boludos córtenla? Para el pibe todo eso es un juego, cuando lo estás empujando a que todos los días boletean a uno en el barrrio. Recuerdo: Yo salía con una pibita de Varela, una vez mataron a un remisero en la esquina de la casa. Y ahí bajaban uno por mes. Yo le decía ¿no tenés miedo? Ella iba en tren, bajaba y se iba a la casa. Y me decía ¿Y qué querés que haga? Yo tengo que hacer eso todos los días, y no me importa. El día que me toca, me toca. Entonces, a la persona que está pensando que el día que le toca le toca, ¿qué podés exigirle? ¿Qué le decís a la piba? ¿No tomes birra en la esquina, el alcohol a largo plazo te daña? No hay largo plazo para ella. Por eso, cuando hablan del reviente, yo creo que ni al rock llegó. Esta es una época distinta, con un cambio donde al público del rock va a tardar mucho para volver a reír en serio nuevamente. Es como un duelo que está presente.
La conversación siguió y siguió. Los Ojos Locos contaron cómo consideran a la cultura: Cultura no es saber los ríos de Europa. Memorizar y saber cosas, pero no pensar. La cultura pasa por la realización que logre cada uno en su vida.
El sistema: Acá parece que las personas se desarrollan por lo que adquieren. Te desarrollás según las cosas que tenés. Pero yo creo que las sociedades y las persona se desarrollan a partir de otra cosa. No de lo que tienen, sino de lo que son. Si vos valés por la casa, por el auto, por la ropa, no sos. Y eso genera angustia y miedo.
La culpa: La culpa de por qué yo quedé vivo... yo creo que tendría que generar más culpa no honrar la vida que tenemos. Lo hablo y sé que es fuerte. Pero vos no decidiste. No te debe dar culpa. Lo que pasa es que muchos chicos no lo pueden ver, y no tienen una ayuda profesional. Pero más que culpa, ellos tendrían que estar dando su testimonio que puede servir para cambiar un montón de cosas.
La felicidad: Es muy vago eso. No está prohibido que vos vuelvas a ser feliz. Nosotros tuvimos la suerte de la música, de tener un lugar para expresar. Los jóvenes están empujados a tantas cosas que no les dejan encontrar un lugar donde buscar su propia expresión, el lugar de su pequeña felicidad.
La política: De política no hablo, porque no existe dice Martín.
El trabajo y el sistema: La crisis no está en el hecho mismo de trabajar en algo que no te guste, ni siquiera 13 o 14 horas. Sino que te sentís además parte de algo que no va a ningún lado. Y el trabajo se basa en un negocio, y en pagarle mal a la gente. Ahora, si yo trabajo y gobernara gente decente, capaz que lo aguanto. Pero cuando vos no encontrás una realización para vos, te estás sintiendo parte de un sistema que es una mierda, y que te convierte a vos también en una mierda por pertenecer a ese sistema.
Los eslogans: Antes era de casa al trabajo, y del trabajo a casa. Ahora es del trabajo al shopping, y del shopping a casa.
El rock: Hay un rock establisment. Las bandas desenmascaran a ese rock con limusinas, tapados de piel y alfombras rojas. La mayor convocatoria de gente en el país la mueve el rock barrial, lejos. Porque la gente pide que seas transparente. Y honesto.
Contaron también que se consideran una cooperativa de siete personas (los seis músicos y la manager, Marcia). No votan, porque no quiere que nadie pierda, prefieren usar más tiempo y llegar a decisiones por consenso.
En la cooperativa lo que sale y lo que entra es parejo. Y hasta ahora van empatando: no hay pérdidas, no hay ganancias. Los discos se autogestionan, los recitales también. Lo principal flota en el aire: el deseo, el entusiasmo. Todos parecen decididos a seguir adelante.
Muestran con orgullo la sala de ensayos. Leila vuelve a mover la cola. Los chicos cuentan que producen los discos de modo independiente, con todos los riesgos que eso significa.
Tal vez esa sea una clave.
Tal vez así quieran producir su propia vida, y allí radique la experiencia que realizan día a día, con los riesgos y la potencia que eso significa.
Tal vez esa sea la verdad que ronda los sueños y temas amplificados que laten en Villa Real.
Ojos Locos interpreta un tema, No la vas a creer más, compuesto a partir de lo ocurrido en Cromañón. Esta es la letra:
Si te cuento esta historia
No la vas a creer más!
De los sueños que tenía
Una parte perdí ya.
Y el cielo no es cielo si vos no estas
el cielo no es cielo si vos no estas
Va brillando tu sonrisa
Y te lleva tu mamá
Vas marchando, vas luchando
Y siempre seguís estando.
Y el cielo no es cielo si vos no estás
el cielo no es cielo si vos no estás
Por eso te quiero ver
Brillando en las noches, soñando
Por eso no me dejes de hablar
Aunque el dolor sea mi pensar
Si te cuento esta historia
No la vas a creer más!
Mata doble la injusticia
Pero más (y también) mata olvidar
Y el cielo no es cielo si vos no estás
el cielo no es cielo si vos no estás
Este invierno viene fiero
Pero vos vas a luchar
Meten miedo las pastillas
Pero ya vas a dejarlas
Y el tiempo no es tiempo si vos no estás
el tiempo no es tiempo si vos no estás
Por ellos te quiero ver
Por eso quiero cuidarte
Por eso quiero sacarte ya,
De esa noche de humo que hace mal
A los sueños sé,
que los roba el poder
y (la razón, la justicia, el sentido) cae,
siempre ante la ley
sin caretas, sin miserias
¡La mejor lucha es cambiar!
Y que piedra es cada uno?
Cual es la que rueda mas?
Porque ya no esta la tuya?
Quien decide quien se va?