Hay menos madera
entre nosotros
y un café compartido.
Y tu mirada
coincidiendo con la mía,
y tus manos, jugueteando,
con terrones de azúcar
y apurando hasta el final,
casi a quemarte,
incontables cigarrillos.
Después, anochecido,
el reencuentro
con calles olvidadas
y la nostalgia
de nuestra adolescencia
a ratos recobrada.
Y una casona antigua
con ventanas y el jardín,
lindando con las vías.
Y ahora, yo, con mi presencia,
compartiendo recuerdos
de otrora y tu piel,
tan cercana a la mía ...
Y este querer dormir
y estar despierta
pensando en tus palabras
que mezclaron
los sueños y el cinismo,
cuando te deslumbró
mi piel tostada ...
Alfonsina