Con la frente marchita, volví a viajar en el ex ferrocarril roca, duró poco mi separación ferroviaria El miércoles estaba feliz por el triunfo de Estudiantes ante Nacional y pensaba en Ernesto Tenembaun, que suele ponerle voz a mis mañanas, fanático pincha el y lo que sería viajar con su compañía radial.
Claro, no contaba que no tenía auto, y radio en el tren tampoco, ya que perdí el celular que me lo hubiera permitido, así que el jueves 25 arremetí al vagón un poco mas vacío que otras veces y a escuchar lo que el resto.
Que bajón, músicas varias y todas insoportables para mi fino oído, provenientes de distintos aparatos que de tan generosos sus dueños comparten con quienes no poseemos audio con nosotros.
Destaco lo bueno, cuando el tren está entrando a la estación si hay cola en las ventanillas permiten abordarlo sin boleto, al verme correr los muchachos, siempre hay alguno, traban la puerta para que no me quede en el intento. Solidaridad se llama en mi barrio y eso me gusta.
Ahora sí. subo y me encuentro con muchos barbijos, bufandas haciendo de barbijos, caras de miedo y cuando alguien estornuda rápidamente se arma una coreografía donde todos rotan dándole al estornudador la espalda y se untan de alcohol en gel.
Una señora haciendo equilibrio con dos chiquitos, y yo hago lo que mas me gusta; “por favor un asiento para la señora que tiene un pibe en brazos” no lo podía creer! le dieron el asiento.
Será el miedo a la gripe pero que lindo ver solidaridades al ladito de uno. Llegando a plaza el tren comenzó a avanzar bien rápido y un señor me hace comentarios alusivos, y allí departimos si era ensayo del tren bala, o para sacudirse la epidemia, pero rescaté la mirada del señor.
Cuando voy manejando y me miran nunca se si es a mi o al vehículo, ahora no tenía dudas el señor se dirigía a mi, nunca está mal una inyección de halagos matutinas.
Y bueno puede ser que el lunes vuelva a manejar y tenga que quejarme del exceso de tránsito pero eso será otro día.