Tengo una sensación entre las manos, y me brilla cuando la respiro, porque el aliento me nace húmedo, más cuando llega el frío.
Además, se difumina cuando me aturdo, porque está susurrando una melodía perdurable que también se hace nítida si la bailo, porque ahí otra vez le puse el cuerpo, como cuando la sostuve pecho adentro, donde dicen que habita el alma, y puede ser si eso
es donde nace la energía que provoca que mi cuerpo esté vivo, abrazando a mi mente.
Siento que todo tiene sentido si buscamos esas cosas que nos vayan dejando libres.
Porque cada vez que abro los ojos, me abrazo con todos mis compañeros que también ven, atrás de lo cotidiano que es urgente, que la basura de que algunos sí pero otros no -porque algunos viven del trabajo de casi todos los demás-, la infamia de que no hay opciones, la mediocridad de que lo que pasa es que somos así, lobos del hombre, no da para más, y que lo que hay que construir es la libertad.