¿Qué vas a hacer si, desde atrás de una puerta entreabierta, algunos imbéciles vuelven a sentirse capaces de hacer que tu carne valga la limosna del sicario y hagan que te apunten a la cabeza, que es la que piensa, pero es donde casi seguro que no yerran? Cuando quede clarito que, como siempre, o ponés el cuerpo o no ponés nada, y si ponés el cuerpo es porque sabés que te lo pueden sacar para siempre, porque tu cuerpo no es tuyo, como tu pensamiento no es tuyo, porque toda materia y toda energía va a seguir existiendo, y si vos no sos generoso en la etapa fértil, lo que va a quedar de vos va a ser la lástima de haberte acomodado para pasar la etapa en la que te tocó estar vivo sin molestar a nadie y sin que ninguna injusticia tenga en vos a ningún combatiente.
Acá se juega todo todos los días, y podés accionar o ser espectador de la propia desdicha. Podés ir a cosechar las sonrisas, podés ir a donar lo tuyo en donde las vidas se sublevan, abrazado con los que se juegan todo porque son coherentes, porque en el camino hacia una causa no hay atajos ni hay desvíos, las cosas se definen con el cuerpo, y si se pasa, se crece y se florece.
¿Qué te puede hacer creer que salvarte solo es una manera de convivir en paz con la injusticia absurda de que un puñado de psicópatas se apropie de lo que todos los demás son capaces de generar? ¿Qué puede alimentar la idea de que a cada uno según su esfuerzo cuando, en realidad, el juego que nos está permitido a lo sumo nos deja que la dádiva nos dé un poco de confort?
Vi que hay héroes en el barro, que te dicen que salimos juntos pero se ponen adelante para cuidarte, que escuchan para entender y hablan para exponerse y aprender, que festejan un logro con el alma y el cuerpo y lo defienden con el cuerpo y el alma, que ante la duda siempre están y que cuando está oscuro abren más los ojos. Vi que con ellos voy tranquilo, aunque en mi cabeza haya veinte combinaciones exquisitas para el paraíso, porque con ellos a alguno llegamos si la vida nos da tiempo y esa posibilidad es la maravilla.
Y esto no se trata de qué podés hacer para que lo que ocurra no te duela tanto. Tampoco de cuánto podés imaginar mientras te quedes contemplando lo que sucede. Más bien, esto es haber sabido siempre que podías destinarte a que mejore, pero en vez de eso también pudiste limitarte a pasar, si hay buena estrella, tirando un par de flores y recibiendo algunos abrazos.
Amo al desapego de donar lo mejor que tengas a la certeza fructífera de que entre todos, con las condiciones que tenemos, podríamos dedicarnos a construir un mundo maravilloso, donde todos podamos lo que nos esforcemos en la dicha de construir existencias felices. Donde las demás personas no sean la provisión y la competencia sino el ambiente que todos tenemos a nuestro alcance para hacer la más fantástica y completa fiesta de vida que la naturaleza haya albergado. Porque creo que así como nuestra cultura nos hizo el peor veneno que acecha a la posibilidad de estar vivos, contamos con unas mentes infinitas de creatividad que fuimos cultivando en milenios tempestuosos en el caos de una injusticia que se recicla sin atrás ni adelante. Esquema que se adapta a las condiciones existentes para perpetuar la explotación, los límites, los privilegios y esos relatos locos sobre otra vida que nos exima del dolor absurdo de tener que donar sangre para unos vampiros. Canallas que además son insaciables porque para eso, mientras chupan tanto, se la pasan haciendo que el mundo esté cada vez más lleno de mierda, por usar una metáfora. Confío en que estas mentes que tenemos pueden parir otra cultura, si son capaces de involucrar al cuerpo en la única existencia que puede tener sentido en un escenario tan brutal. Eso es subvertir, rebelar, donarse a la epopeya de liberar a la humanidad del jueguito de ganadores y perdedores que siempre viene con el resultado puesto, y dedicarnos a construir una existencia más generosa con el precepto que algunos tenemos de querer ser felices.
Porque por un lado a todos nos pasan más o menos las mismas cosas aunque estamos convencidos de que nos pasan cosas excepcionales, que si las vemos en otro son insignificantes pero si las sentimos en nosotros nos resultan inéditas en el universo. Pero por otro lado, todos podemos estar convencidos de que lo que podamos hacer, si no lo hacemos no lo hace nadie, porque podemos creer que nuestro lugar es único, y si no me creés mirate al espejo, fijo. Además se puede confiar en que la capacidad de hacer las cosas únicas la tenemos seguro, pero después se tiene que tener la humildad para llevar eso a un lugar donde donar nuestra capacidad dé los frutos dulces de estar queriendo vivir en un lugar más libre, mejor para dedicarnos a sentir amor.
