Somos presos de las corporaciones informáticas. Los barrotes están constituidos por la apropiación del conocimiento. Frente a esto, el impulso del Movimiento de Software Libre invita a ejercer la resistencia desde lo cotidiano.
Hay dos costados que son bien interesantes en el ejercicio del Software Libre: la cuestión técnica y la acción política, que tiene en cuenta las posibilidades ciertas de enfrentar a la lógica de las corporaciones. Ambas cuestiones se intervinculan desde la idea que todo lo que acontece en el plano de la producción es político.
El acento de esta nota va a estar puesto en la cuestión puramente política, porque no soy experto en las cuestiones de software y, más importante, porque la filosofía que funda el Movimiento de Software Libre desprende sus provechos para los militantes sociales.
Lo concerniente a la técnica apunta a democratizar el uso de las herramientas permitiendo que lo que se usa pueda ser modificado por el usuario, accediendo al código fuente, cumpliendo así el doble rol de consumidor y productor de un bien que tanto no tiene propietario, como tampoco tiene materia.
La producción inmaterial es el grotesco de la explotación a la que estamos sujetos. La idea primera que funda la explotación que se lleva a cabo en la producción propia del sistema es que lo producido se cobra y el plusvalor del producto es apropiado por el dueño de los medios de producción. Sabido.
El grotesco de la producción inmaterial consiste en que el producto se materializa una sola vez, y su reproducción es repetida tantas veces como sea necesario, sin el costo de la fuerza de trabajo, que ya fue pagada en la creación. Así, la explotación se expande innumerables veces, tantas como el producto sea reproducido. El bien no tiene cuerpo, lo que se comercializa es la idea. La idea es apropiada por la corporación a través de las patentes y el copyright.
Bill Gates, en 1991, en una charla a sus empleados, anunciaba que las empresas del futuro se iban a alimentar de las patentes, y las que no lo hicieran iban a quedar obligadas a pagar el precio que los gigantes decidieran imponer. En esto, y poco más, se basa la lógica de comercialización de Micro$oft.
La empresa pionera en la estructuración de la producción desde los trabajadores temporales, rasgo distintivo de la precarización laboral con la que convivimos, es Microsoft. Su ejercicio en este plano consistió primero en reducir la planta permanente de trabajadores para contratar trabajadores autónomos. A mediados de la década del noventa un fallo de la justicia determinó que no eran autónomos (con contratos renovados constantemente, pero siempre con la posibilidad cierta de perder el trabajo), y que la empresa debía incorporarlosa la planta permanente.
La respuesta práctica de la corporación de Bill Gates fue dejar de contratar autónomos... para proveerse de empleados temporarios desde empresas
contratistas. La precarización de los puestos fue en aumento. La solidez del nuevo sistema de explotación se hacía carne. Hoy se expande por corporaciones y ámbitos estatales y privados de todo el mundo. La expresión extrema está en las maquiladoras y ensambladoras de Centroamérica y el sudeste asiático.
Microsoft fue pionera en impulsar la terciarización de la producción por un lado, y en crear mercados cautivos por el otro. El mundo del conocimiento que desde ahí se impulsa acentúa las diferencias entre los que consumen y
pueden consumir y los que no. Los bienes inmateriales del software alimentan la desigualdad.
Con el término Propiedad Intelectual se disfrazan los artificios de las corporaciones para fundar en las patentes y el copyright las persecuciones a usuarios y programadores que violen la propiedad, alimentando el monopolio.
El mismo Gates afirmó que cualquiera que no apoye las leyes que permiten la apropiación de ideas es un... comunista.
Pero la respuesta al mundo de las corporaciones está latente. Hagamos el manifiesto. Para que un Software sea libre, bajo licencia GPL (licencia libre), tiene que garantizar cuatro libertades al usuario.
Así el que consume el programa también lo produce en adelante, el neologismo que denomina al actor es el de prosumidor.
No hay una única licencia libre, y para no densificar la cuestión sólo describo algunas cuestiones sobre Creative Commons, que se usa también para proyectos de tipo artístico, que habilita a aplicar a la obra de libre copia, otras libertades que se consideren importantes:
La estructura filosófica que el Movimiento de Software Libre impulsa es imitada por organizaciones productivas solidarias que apuntan a destruir la desigualdad en cualquiera de sus formas.
Una herramienta bajo licencia libre no es gratuita necesariamente. El producto puede (es una cuestión voluntaria) ser comercializado y eso no lo deja de constituir como libre. Pero nadie es dueño de la herramienta; el que modifica no puede dejar de explicitar que lo nuevo está basado en una herramienta anterior.
Pero no se hace propietario ni del producto ni de su idea, la herramienta pasa a ser patrimonio común. El autor dice que él fue el creador, pero no por una cuestión de propiedad, sino para que los usuarios futuros puedan mantener contacto con él y satisfacer sus dudas.
Mientras las corporaciones informáticas generan las necesidades de los consumidores lanzando nuevas versiones de programas que necesitan, a su vez, de computadoras con mayor capacidad y velocidad que los programas, impulsando el consumo de hardware Intel, cuya producción está vinculada a la misma corporación, imponiendo otros programas que necesitan una actualización del sistema operativo (por ejemplo Windows); decía, mientras
todo esto sucede, entre otras maneras de impulsar un consumo que nunca se acaba y siempre genera nueva necesidad de... consumir (como el capitalismo en general hace, pero con el grotesco de la inmaterialidad del producto), una idea confrontativa de software libre es adaptar la herramienta a los equipos y las necesidades que se posean.
Entonces no es necesario que se aliente el consumo desenfrenado de nuevas tecnologías, que no son tan nuevas como reformulaciones de las viejas, sino que el acceso a la herramienta es más simple. Lo fundamental de la idea es la inclinación hacia la democratización delconocimiento y sus productos. El uso de productos de licencia libre no sólo es conveniente
porque su costo, en el peor de los casos, es mucho menor, sino también por las mismas razones que usar Microsoft es inmoral para las personas de buen corazón; usar software libre es moralmente correcto. Su producción no compromete explotación, ni desigualdad, ni ganancias extraordinarias, así como tampoco alimenta el espíritu voraz del consumo capitalista.
Entonces, ¿por qué no mutamos? Quiero decir, ¿por qué seguimos alimentando, aun cuando nos hacemos consumidores de copias piratas, las megaganancias de las corporaciones?
La posibilidad de que lo hagamos está al alcance de la mano. El Gobierno Bolivariano de Venezuela impulsa e insta a que toda la administración estatal y sus satélites muten en un tiempo próximo hacia el Software Libre.
En Brasil se dio una mutación importante hace un tiempo, aunque la decisión política nunca es tan firme como para erradicar a Microsoft del
negocio que le asegura suministrar software al Estado.
En Argentina, a nivel nacional apenas si se da a discusión. En la Ciudad de Buenos Aires se alimentó el anhelo de mutar, pero, con la tibieza característica del gobierno ibarrista, todo quedó en la aclamación por
ahora, y se sigue usando software privativo.
¿Por qué no muto en mi casa? ¿Por qué no en mi ámbito de trabajo o de militancia? Las herramientas de software libre no sólo pueden garantizar los beneficios que proveen los privativos, a esto se le suma que no se alimenta al sistema de explotación (con mucho lo más significativo) y que los programas son más estables. Si alguien escuchó que es necesario tener conocimientos de operador para desempeñarse con programas bajo licencia
libre, que sepa que no es cierto.
La invitación está hecha, para no alimentar al sistema de las desigualdades y la explotación, mutemos.
Para el Periódico de la Asociación Madres de Plaza de Mayo
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