Por qué el corazón contemporáneo, que no estaría más conmigo que con otros, da miedo cada vez que está cerca.
Sí, una de las mejoras que le dimos a la naturaleza es poder saber lo que da placer, pero, sin más, alguien se niega a eso mientras se muerde el labio contra el espejo en el baño. Y como en pechos agrios esa virtud pesa tanto, puede hacer sangrar la boca, toda la gama de maquillajes llega a confundir al placer con lo vedado, y hay mucha contracción.
No brilla más un cuerpo ondulando que una sonrisa, pero es el cuerpo el que tiene buena onda y con el cuerpo no se puede, no se banca, no se sostiene, se contrae y duele todo. Creo que me imagino otro recorrido. Y si me pierdo, un maullido me lo va a estar aclarando.
¿Cuántas paredes hay en tu vida?
Mi paraíso es de pasto, atardecer y agua.
No me importa tanto divagar, mi sueño es la vida.
En todo caso, si voy a ver corazoncitos correteando, agriados por el miedo, voy a intentar que el mío no se altere, no se frustre, no encandile, y muestre que siempre se puede ser así. Eso me dijo, además, la mariposa.