Veo,
con mis ojitos de doncella pelada,
el andar potente,
el calor presente,
la mirada ardiente,
de gansos predadores en la pirámide del deseo.
Vos, mujercilla compulsiva compradora sin razón. Vos que crees que tu cuerpo es mucho más que un corazón. Vos chirusita impertinente que de idiotez hablás, pobrecita, es para decirte tanta exposición no salda
no gusta
no quiere.
¿A dónde irá,
pajarraco sin vuelo,
tu candor
cuando te hacés pequeño de envidia?
¿De qué se te disfraza la careta
cuando tu identidad es la imitación?
¿Quién te sostiene la columna
cuando te transpira el culo de admiración?
Confundís deseo con bofetón, alimentado de aquellos que manotean autoridad. Chirusita sos nociva de los que el corazón te dan, aprovechás cualquier sinceridad para manipular porque para otra cosa no estás.
Perdido en la voracidad,
consumiendo carne gratis
sin remojar tu almita seca,
repeinando cáscaras
de la caricatura del impulso,
sacudido en la penuria de saber que en tu pieza,
con la ventana abierta,
las hadas se ríen de que no sabés despegar.
Chirusitas de este mundo retírense a pensar. Un poco de reflexión nomás y quizás, quizás chirusita, ¡no solo lástima tendrás!