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Caminantes 8

En una habitación enorme, postrados en las hamacas, disfrutando de todo lo recorrido y de la fantasía de lo por recorrer, cinco hombres cada vez más caminantes deshonran su adjetivo mirando el techo al ritmo del balanceo.
Al caminante más inquieto que jamás se distingue de los otros cuatro se le pierden las pantuflas como a cualquiera le podría pasar. Encuentra perdidas las sonantes sinfonías que vuelcan sus placeres y las compone cada tanto, cuando su impulso lo dicta, para de algún momento nunca olvidarse.
Las palabras que ahora llegan, en este caso son suyas y tal vez inspiradas en lo que desde la noche anterior habían estado razonando sobre el deseo, la presencia, la ausencia y... el amor, pero no importa para el lector, porque de cualquiera podrían ser. Incluso de nadie. Y tal vez así sea, porque las ubica desde el espacio, encadenadas por la magia que solamente la naturaleza le puede dar.
Y aunque bien claro esté, tanto para él como para cualquier alcornoque, que esto poco tiene de natural, su padecimiento no es contranatura tampoco, porque se deja llevar por lo más cercano al instinto que hasta ahora pudo descubrir.
Quiso dejar en claro algunas otras cosas que no sé si debo o no decir, pero señaló que sus palabras en esta sinfonía son cien, porque no podrían caber más, y no sobra ninguna. Y el número le resulta perfecto porque él así lo quiso. Pero le resultó exquisito que cuando estaba llegando a las noventa y cuatro palabras ya sólo le quedaran seis por decir. Muy a pesar de no ser supersticioso, eso le pareció una señal de que su sinfonía ya estaba completa, y ahí no cabía ni un suspiro más.
Estas son, sin más presentaciones, las cien palabras que le dedica a aquello que, como queda dicho, es lo más cercano que hasta hoy pudo encontrar dentro de él con respecto al instinto.

El absurdo de mis ojos es que se deslumbran con tu sombra. Serán todas mentiras las que inflaman una imagen flamante que no me deja dormir.
Y tu sombra son mil figuras que me atormentan por instantes. No sos ni real ni mentirosa, sos la potencia que somete voluntades. No importan tus nombres porque pueden ser todos, pero tu presencia es la vida. Por lo menos es la mía, que permanece mutable al ritmo de tus encantos.
Si mi dormir es incierto debe ser para nunca despertarme de tus encantos que son mi deleite. Cien palabras ya son todo, amor.

Espero que alguien haya podido disfrutar de ellas. No esperen mi aplauso a este recreo métrico de romanticismo. Creo que ahora los caminantes ya se deciden a hacer algo más activo para cuando ni dejen de dormir ni acaben de despertar. Para entonces espero estén dispuestos a cabalgar al ritmo de alguna parábola que no nos quiera dejar ninguna enseñanza, todo esto es solamente pintar.