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Comenzaron a hablar con una mujercita, bien encantadora por cierto, que se les había presentado desde el misterio de la vida en una noche particular. Ella hablaba de sí misma, se presentaba hasta en lo indeseable, lo obvio y lo contradictorio, se mostraba con todos sus ribetes como exponiéndose al examen. Ellos la miraron extrañados hasta comprender su motivo. Quería ser caminante.
Quiero ser libre. Libre de mis sentimientos, que me atan a las rocas de mi vida. Quiero ser libre del sufrimiento, libre de amores, libre de rencores, libre de él, de su sombra que se refleja en mi cuerpo, de su olor que se impregna en mi sueño y de su presencia que me agobia.
No querés ser libre. El libre ama, sufre, hasta tiene rencor y convive con todo eso. El libre no teme que los sentimientos lo aten a las rocas, porque en su libertad arrastra a las rocas, las hace polvo y el polvo vuela a su lado.
Pero es la libertad mi anhelo, porque yo sé que mi curiosidad me hace levantar vuelo, que él me ata, que no quiero eso. Que no quiero lastimarlo, quiero ser libre para no lastimarlo también, porque lo quiero, quiero estar con él y no quiero que sufra por mi espíritu nómade, libre y hermoso que me lleva por los caminos de la vida. En total libertad.
Es perfecto que quieras ser lo que quieras. Pero... ¿Cómo es libre el que vive el sentimiento con el temor de lastimar? ¿Ese no es tan poco libre que son sus propios temores los que le afeitan las alas? ¿Cuál es el gran vuelo de huir de su lado, de advertirle esa posibilidad, de querer protegerlo de... de qué, de tu cariño? Eso no se llama libertad. Eso no se llama vuelo, se llama correteada, y no esperes que tu velocidad te haga levantar vuelo, porque, a lo sumo, te vas a chocar contra una pared, contra tu miedo o contra las presencias recurrentes. ¿Cómo cambiar el miedo por la valentía ante la posibilidad de que otro sufra la propia ausencia? Si lo sabés, hacelo, pero no sabiéndolo, buscalo, porque es la actitud valedera de respeto.
No minimices mi vuelo, porque yo me conozco, soy nómade, soy errante, soy caminante también, como vos, como ustedes. Soy andante...
No Desde acá ya no voy a mostrarles palabras de ella, porque los caminantes se dedicaron a explicarle por qué no va a unirse a ellos y sobre ese tema no hay discusión, porque es una decisión de ellos sobre ellos mismos-. No es esa nuestra libertad, porque nosotros no vamos huyendo, no vamos advirtiendo que en cualquier momento podemos empezar a andar otra vez y que con eso podemos herir, porque nosotros no vamos para herir y somos bien conscientes de eso. Nosotros vamos para vivir. Nuestro cariño no es nuestro temor, nuestro amor no es la soga que nos ata, el amor es motor y con él andamos, pero no huyendo, sino amando. No tememos al amor ni a sus consecuencias, porque el amor siembra más de si mismo, no hay qué temer cuando el cariño es sincero. Hay pilas de lugares comunes sobre el tema. Podrías escuchar alguno, meditarlo un rato y ver si el amor te puede horrorizar de vos misma como para advertir a un hombre de que tu cariño es nómade. Qué es esta idea: Que vos lo vas a hacer sufrir, como si el hombre no fuese bien capaz de sufrir por sí mismo. Es en mucho ridícula esta idea: Parece que querés tener otra potencia, parece que te gustaría sentir que el mundo gira porque vos estás parada en su centro. Pero no es así, niña, tus ojos son hermosos, tu boca también lo es, tus pensamientos son sanos, pero estás errando en esto. No es la libertad tu anhelo, tu anhelo es de independencia. Y es tan claro, que se cae de maduro. Cualquier elite puede declarar independencia la independencia de su pueblo, y esa independencia puede no ser advertida en la realidad, porque la independencia no vale nada por sí misma, si no se construye la libertad. La independencia de... ¿De qué? ¿Cuál es la tuya? Si la tuya es la independencia para disfrutar de la vida con tus criterios, adelante, pero no confundas con libertad tus anhelos de aventura. La independencia se declara en un papel. Desde mañana, divorciado, soy independiente. Pero: ¿Qué pueblo declara su libertad en un papel? La libertad no tiene sentido de ser declarada así y es lo que estás pretendiendo. La libertad se construye, y se arma con el sentimiento, porque si la libertad no se siente, como para tener al menos dos posibilidades ante cada circunstancia, entonces la libertad no es tal. La libertad de hacer una cosa no es libertad, porque ser libre es elegir, por lo menos, entre hacerla o no hacerla y ejercer esa posibilidad asumiendo siempre las consecuencias que esto pueda traer, haciendo de la elección un ejercicio múltiple y cotidiano, donde la vida no pasa de lado sino que se arma con tus decisiones Y si lo que vos llamás vuelo es escapar con los sentimientos insatisfechos a cuestas, entonces no volás hacia la libertad, te estás estrechando en tu independencia tanto que vas a quedar aisladita. No volás a la nube para acompañarla, estás corriendo a su lado para que su humedad apague tu fuego. Decí que querés ser independiente y ya no pienses que tu vocación es caminar con nosotros y que seamos uno más, porque nosotros somos libres para hacer nuestro camino, pero no somos independientes de nosotros mismos, porque somos actor colectivo, porque en lo colectivo entendemos la completitud de la característica humana. No vengas para ver si te damos un empujón para volar. Primero estaría bien que te plantees si tu vuelo tiene destino o si tu camino es la huida, si hoy huís de tu hombre, pensando, encima, que lo dejás para protegerlo de tu fuerza, que parece claro para nosotros que es tu motivo hoy. Y te damos una última recomendación antes de empezar nosotros a marchar, con nuestra libertad como medio, con nuestro amor como motor y nuestra vida como objetivo permanente de riqueza. Dejá ya de pensar que tu presencia va a perturbar tanto la existencia de los otros como para creer que tenés que pedir perdón por lo que podés llegar a hacer. Hacé lo que quieras, pero hacelo. Si vas a tener en cuenta a los demás, que sería un paso adelante bien importante en tu búsqueda de la libertad y tu abandono del anhelo individualista de independencia, entonces contalo para lo sublime, para el amor, para el disfrute, el goce, la pasión, la charla, el vino o el juego. Protegelos de lo que puedas, pero con la sabiduría de la presencia, no siendo la ignorante huidiza que escapó para no lastimar. Esa no es una buena actitud ni es nuestro mensaje. Aprendé a amar con todas tus armas, y después veremos si esas armas son las que lastiman, o los lastimados son también capaces como vos y se pudieron haber lastimado solos y después hasta pueden curarse sus heridas. No te sobreestimes, no subestimes al resto y no pienses que es de un par creer que tenés que protegerlos de vos, menos al que te brinda su cariño, que no es una atadura y bien puede ser el aliento para tu vuelo de mañana. Ahora nos despedimos. No quisimos ser bruscos, no queremos despreciar tu intención ni desanimarte en tu sana búsqueda de la libertad. Pero no vamos a unirte a nosotros, porque la libertad no está en lo que ahora encontraste. Seguí buscando, nosotros siempre estamos esperando. Y podés tener el concepto de libertad e independencia que te plazca, pero no con cualquier idea te vamos a sumar a nuestro andar.
La despedida no fue cómoda, pero tampoco áspera. Ella se desilusionó al verse rechazada, pero bien entendió que no es desde la soberbia que los caminantes le rechazaron no sólo su posibilidad de andar con ellos, sino también su idea de libertad. Dijeron que no a una idea de libertad que ellos aborrecen.
Los caminantes volvieron a emprender la marcha. La mujer que confundía libertad e independencia era víctima de las contradicciones de su entorno, donde la libertad parecía ser el logro de la individualidad plena. Y estas ideas, a los cinco, les parecían de bochorno, porque la libertad en individualidad es... un sin sentido. ¿Quién no es el libre cuando está solo? O mejor dicho ¿Cómo alguien que está solo puede decir que no es libre? Sí, libre es. Lo que está negando al asumirse libre individual es su condición humana. Porque el hombre libre lo es en tanto sí mismo, respecto al otro, desde el otro, hacia el otro y sobre todo con el otro y todos los otros también. Ningún libre huye de las buenas compañías por inseguro, porque la inseguridad es ahogada por el aire de la libertad, que es infinito, que se recrea todo el tiempo. El libre se mueve porque su búsqueda es constante, puede haber estado ayer donde hoy no está y no es porque haya huido, sino porque emprendió otra vez el camino del aprendizaje, pero no vivió el ayer con el temor de hacerlo intensa y plenamente, sino que lo conjugó al ayer en su existencia, enriqueció su ser con el ayer y hoy vive el día con el hambre inacabable de querer ser completo. Y si después de comer de las delicias de la vida se empieza a correr de horrores, es bien probable que el corredor se descomponga. Los caminantes digieren lo que con su libertad viven, y no sin esperar nuevas bondades, nunca dejan de marchar.