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Aprende

Cómo estaría hoy si no hubiese reparado antes en que cada dolor enseña lo imprescindible para mejorar.

Eso es la experiencia, uno recibe aquello para lo que está preparado, no más, no menos. Entonces, aclaro: cómo estaría hoy si no hubiese preparado antes para reparar en que cada dolor enseña lo imprescindible para mejorar o lo necesario para crecer.

Después digo, cada uno va abriendo lo que puede de la percepción. La verdad es que da mucho miedo abrir y recibir la energía del amor que una vez que entra descontrola, o de la locura de disponer todas las gotas de la existencia al encanto de zambullirse, sin remedio, en alguna forma divina de conjugar.

Si no hubiese podido abrir antes para reparar en que cada dolor enseña lo imprescindible para mejorar, lo necesario para crecer, lo elemental para dar lugar al amor. Lo elemental para que el amor valga todo lo que le sepa dedicar.

No alabo al dolor, no me gusta. Es eso, como detesto al dolor con todo lo que lo conozco, cada dolor enseña algo sobre el camino para no viajarlo dos veces. Para eso hay que saber transitarlo una vez, reconocer el camino y después hacer la obra de no estar tarado en el error y aprender algo.

Los caminos no se repiten, claro, pero hay estaciones donde si se para duele, hay formas de pisar que hacen pozos de los que se sale con raspones, hay cosas que uno identifica aún en un camino nuevo, y si se presta atención algo se sabe, porque para algo se vive. No evito la experiencia, aprender a hacerla cada vez mejor es lo que hace que no tiente la parálisis para admirar que está vecina la maravilla y con cada paso es más completa.

Confío pleno en que si hay algo que hacer en la aventura de la vida es aprender a generar dones cada vez mejores y disponerlos para compartir, lo más generoso que se hace entre las personas.

Prepararse es saber abrir, porque la única forma de recibir y dar es abriendo, lo demás son caretas, placer en la superficie, hacer de cuenta que se vive lo de las novelas, lo de la tradición, lo de los cuentitos. Melodrama en las novelas, princesa o caballero en los cuentitos y como pancha o pancho por su casa en la tradición. Abrir es dejar que quepa lo que el otro, que está semejante, tiene para dar.

Y si las relaciones no son así, no creo que sean significativas ni para invitar a pensar.

Pero si son así, esperar no se resume en preguntar cuándo. Esperar significa prepararse para que el destino sea que ya no cuente el tiempo en el gozo de la luz.

Pero si son así, además del miedo, chocan siempre contra la inercia que se trae, porque nadie está con el alma preparada para que la maravilla suceda, porque así son las cosas, porque distrae todo menos estar dispuesto a dedicarse, pero eso mientras no sucede es una idea que acaricia al alma pero no la prepara, aunque siempre dispone al cuerpo y la mente para dedicarse a romper los límites que se puedan en esta existencia que padece, cada vez, la brutalidad donde algunos muchos y otros nada. Así la perversión pisotea la posibilidad de que todos se puedan dedicar, justo, a la maravilla.

Por eso modificar con la fantasía y el deseo en la realidad, por eso el pecho abierto. Para que las condiciones mejoren y se genere el lugar para lo que brilla.