Mis manos moldearon un cuerpo que se me deshizo en el último trago de encuentro.
Me dejaron, y no supe quiénes, el vacío que siempre es ilimitado.
Donde había piel y jugos hay tierra. Volvimos a ser polvo.
Iría a invadir el confín de la conformidad repiqueteando los tacos.
Invasor en las ropas de los incriminados. Un asalto a la inseguridad.
Entraría en una cabeza con dos motivos: mostrar la luz adelante y la oscuridad al costado.
Sería luz.
Prefiero tu muerte a tu distancia.
Y me dispongo, completo, a aplastar tu distancia y romperte la muerte.
Otra vez arrastrar o rendirme cansado. Coronar de esfuerzos al goce. En mis espaldas tus miedos,
en tu espalda mis manos dibujando mapas de placer.
Recreemos un abrazo. Basta imposibles, estoy pidiendo a mi imaginación la creación ínfima del porvenir.