Por más que entretenga al fuego con el viento, que siempre es muy insistente, o que a la tarde me delire un rato, miro entretenido entre las hojas cómo el sol ya se está yendo y me preparo para el mítico momento de la producción nocturna, que tiene un solo énfasis y está en el criterio.
El criterio éste no se queda siendo guía, porque nace de los sentimientos y apunta a las acciones. El criterio es la forma de aproximarse al único objetivo que me vale mientras lo entendible es que acá hay algo que no funciona bien, porque se distrae al amor, al cuerpo, a la sonrisa, al baile o al goce, porque lo cotidiano de día se llama sobrevivir, que es la vida si se hace con la claridad de los que luchan. El objetivo por la noche es el esfuerzo constante de inventar, moviendo el cuerpo, los caminos para que cuando finalmente estas estructuras se derrumben, el cambio signifique mejora.
Cuando es la noche, lo cotidiano se improvisa, y yo me arrojo confiado en la inmensidad de descubrir pasiones.