Hace quince años que Germán dejó de estar pujando en vida en la búsqueda de la herramienta política que visualice los contenidos para la disputa, en favor de los intereses de los explotados, en la realidad.
En 1992 se hizo realidad la construcción de una central de trabajadores alternativa a las representaciones burocráticas y entreguistas que signaron décadas del sindicalismo cegetista. La Central de Trabajadores Argentinos no era sólo una agrupación de gremios con representación genuina de las bases y participación activa, era además la proyección política de trabajadores organizados en el escenario del neoliberalismo. La disputa política que pensaba Germán, diputado disidente del PJ, miembro del "grupo de los ocho" (diputados peronistas opuestos a la política económica menemista y los indultos a los genocidas), necesitaba de la reactivación organizativa de los trabajadores en dirección a la disputa real de la política, incluyendo pero trascendiendo las reivindicaciones salariales de los gremios. Es la construcción colectiva de la definición de los objetivos concretos la función de una herramienta política.
Desde la puesta en marcha de la ofensiva local e imperial contra las organizaciones revolucionarias en América Latina, con su cruenta imposición por medio de las dictaduras de los años 70’, la pérdida de las construcciones políticas en condiciones de disputar poder real fue quizás la pérdida más significativa del campo popular argentino. Un vacío organizativo al mismo tiempo que la pérdida de los compañeros desaparecidos y asesinados, dio, para la época post dictadura, la carencia de compromiso de una buena parte de la sociedad. El corte que se produjo en la participación militante con la generación siguiente a la de los jóvenes de los 70’ y la construcción de organizaciones sociales horizontales y democráticas, pero sin capacidad de reflexión y posicionamiento en la disputa real, fueron resultados visibles.
Hoy, con la conciencia sobre las disputas políticas renaciendo, pero con la carencia de organizaciones que visualicen el accionar sobre esa realidad sin perderse en posicionamientos facilistas y contradictorios con sus propios intereses, encolumnados detrás de intereses opuestos o negados a la profundización del cambio por una adhesión obsecuente, la línea proyectada por Germán Abdala sigue siendo una senda anhelada. Su práctica se convirtió desde el final de su vida en una referencia contemporánea, una categoría que escasea. Ese legado, como autocrítica, sigue hablando más sobre lo que deberíamos estar haciendo que sobre las prácticas reales.
"... la política del imperio para este país, no solo fue matarnos a los mejores compañeros, no solo fue perseguirnos a los mejores compañeros, intervenirnos las organizaciones sindicales, prohibir la política, saquear el país con la deuda externa; sino que fue cambiar las conductas humanas, quebrarnos a nosotros en esto tan íntimo que fue la voluntad de lo colectivo, de decir: si nos juntamos socialmente y colectivamente vamos a ser más que una voluntad individual."
Germán Abdala.
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